Historias de migración y violencia contra indígenas de Oaxaca y Chihuahua en Ciudad Juárez
Historias de migración y violencia contra indígenas de Oaxaca y Chihuahua en Ciudad Juárez
Los oaxaqueños migran principalmente para trabajar en 330 industrias manofactureras, maquiladoras y de servicios de exportación...
Patricia Mayorga, Karen Rojas Kauffmann y Antonio Mundaca
Varios pueblos ubicados en la Cuenca del Papaloapan, al norte del estado de Oaxaca, fueron desplazados hace 30 años cuando se construyó la presa Cerro de Oro. Entonces se desplazó a 26 mil indígenas de 56 ejidos de los municipios de Tuxtepec, Ojitlán, Jalapa de Díaz y Usila. Tres décadas después los herederos se oponen ahora a la continuación de esa presa: una hidroeléctrica que se quiere construir en el hogar de 30 mil personas asentadas en las islas y la rivera de la presa y el Cerro de Oro
Ciudad Juárez, Chih. — La pobreza, la marginación, la falta de oportunidades e incluso el ir y venir de la violencia que se extiende de norte a sur en un país que arde en llamas todos los días han ocasionado un fenómeno social particular: la llegada de habitantes de pueblos originarios de Oaxaca que migran al norte de México ha desplazado a los indígenas nativos pertenecientes a las culturas del desierto, que por cientos de años han ocupado estos territorios. En Ciudad Juárez, por ejemplo, chinantecos y mixtecos ya superan tres veces la cantidad de indígenas nativos de Chihuahua, asentados en esta ciudad fronteriza, de acuerdo con datos oficiales.
A pesar de los altos índices de violencia y aunque el desarrollo urbano de Ciudad Juárez no es el óptimo —pues de sus 966 colonias, 403 están sin pavimentar—,
entre 97.6% y 99.3% de las casas sí cuentan con servicios como drenaje, agua entubada y energía eléctrica, según el Censo Poblacional 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), lo que con trata con condiciones sociodemográficas de las comunidades indígenas en Oaxaca, las principales expulsoras de migrantes.
De acuerdo con el informe “Así estamos en Juarez 2021”, de la asociación civil Plan Estratégico de Juárez (PEJ), los oaxaqueños migran principalmente para trabajar en 330 industrias manofactureras, maquiladoras y de servicios de exportación, que emplean a 269 mil 955 personas en trabajos operativos. Según esta organización civil que tiene por objetivo defender el derecho a la participación ciudadana, la mayoría de los migrantes se concentran en colonias como Anapra y la Tarahumara, ubicadas entre cerros cercanos al borde fronterizo, desde donde se alcanzan a ver los edificios de El Paso, Texas.
La silenciosa conquista oaxaqueña
Chihuahua es un estado fronterizo donde no es novedad la existencia de habitantes nativos de pueblos originarios y lo que mayor presencia tienen en este territorio desértico son los rarámuri y el ódami o tepehuano. En total, según cifras de la Secretaría de los Pueblos y Comunidades Indígenas estatal, en la entidad tienen presencia 56 pueblos indígenas, incluidos los de origen oaxaqueño como el mixteco, que prefiere denominarse Ñu´u Savi, que se ubica en el tercer lugar, y el chinanteco, que se encuentra en la séptima posición.
El panorama es distinto en Ciudad Juárez, centro urbano donde tienen presencia más de 20 mil personas indígenas, pero donde se registra en primera posición al pueblo chinanteco con 4 mil 400 personas; le sigue el náhuatl con 2 mil 414; el mixteco, con mil 557 y el rarámuris, con mil 445. En esta frontera no se registra presencia de otros pueblos originarios de Chihuahua como pimas, tepehuanes ni warojíos.
Que la presencia de indígenas oaxaqueños en Juárez haya desplazado a los nativos se explica dado que cuando éstos migran hasta la frontera norte, regularmente no tienen la intención de cruzar hacia Estados Unidos, sino de llegar a esta ciudad poblada de maquiladoras a destajo, que consideran como “una tierra de oportunidades” en contraste con las condiciones de pobreza, marginación, falta de empleo y baja productividad de sus tierras.
Pero que, sobre todo, les permite y mayor facilidad para regresar a sus comunidades de origen para cumplir con las tareas y obligaciones de sus Sistemas Normativos Indígenas.
Es a partir de esta premisa que en esta investigación denominada “Bordes Fronterizos, historias de migración indígena” se abordan historias de personas provenientes de los pueblos chinantecos y mixtecos, porque son los hablantes de lenguas originarias de Oaxaca con mayor la presencia en el estado de Chihuahua, según el Atlas de los Pueblos Indígenas de México.
Se tratan de historias de mujeres y hombres que según Ana Margarita Alvarado Juárez, especialista en dinámicas y efectos de la movilidad humana, remesas y doctora del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (IISUABJO), migran específicamente a Ciudad Juárez por “la existencia de elevadas tasas de marginación y pobreza; la presencia de la actividad rural con un importante deterioro, la falta de empleos bien remunerados, aunado al analfabetismo de la población y las redes sociales y familiares que impulsan los movimientos poblacionales.
El representante de la Secretaría de los Pueblos y Comunidades Indígenas del gobierno estatal (anteriormente la COEPI), Fernando Mota Allen, agrega que quienes arriban a esta frontera lo hacen gracias al apoyo de familiares que ya habitan en Ciudad Juárez y en busca de oportunidades laborales.
De acuerdo con testimonios recopilados para esta investigación, los chinantecos se han adaptado mejor para trabajar en la industria maquiladora, mientras que los mixtecos han optado por el comercio y otras actividades. En ambos hay profesionistas ejerciendo en Ciudad Juárez, pero todas y todos tienen el deseo de regresar a su tierra en algún momento.
Casi invisibles ante las miradas juarenses, los pueblos indígenas oaxaqueños viven su riqueza cultural y su sabiduría ancestral esparcidos en la ciudad y de diferentes formas, como parte del engranaje humano que le da vida y fortaleza a esta ciudad fronteriza.
Sobre los pueblos indígenas que llegan del sur del país, como los de Oaxaca, y que viven dispersos en Ciudad Juárez con distintas formas de organización, José de Jesús Vargas Campos, quien ha acompañado al pueblo rarámuri desde hace 25 años, explica que en esta frontera los pueblos indígenas se respetan y aunque no ha habido mucha amistad entre la comunidad rarámuri y los pueblos de Oaxaca, se han comenzado a organizar desde hace al menos siete años.
Considera que hay respeto y aceptación entre ellos porque se reconocen como indígenas. Explica, por ejemplo, que hay personas de los diferentes pueblos que tienen más de 20 años en esta ciudad, que han aprendido a amar a Juárez porque han encontrado fuentes de empleo y la ven como la tierra de oportunidades que les ha permitido tener una vida más digna.
“Los valores que vemos en ellos son por ejemplo, el tequio entre los de Oaxaca o el kórima en los rarámuri, que es el compartir, es el servicio gratuito sin esperar nada. El sentido de la familia es muy fuerte entre ellos. Son una riqueza enorme para Ciudad Juárez”.
¿Quién atiende las necesidades de los pueblos indígenas?
Fernando Mota Allen, el representante de la Secretaría de los Pueblos y Comunidades Indígenas del gobierno estatal, añade que como los migrantes oaxaqueños en su mayoría no buscan cruzar hacia Estados Unidos, aunque posteriormente lo hagan algunas familias, es necesario trazar rutas de atención e integración “digna” para estos sectores de la población.
“Para trabajar con los pueblos de Ciudad Juárez debemos tomar en cuenta sus diferentes usos y costumbres, su cosmovisión. Se les apoya con gestiones y trámites como becas, apoyos de diferente índole. Cuando una persona indígena fallece, lo que las familias quieren es llevarlo a sus lugares de origen, por ello se les apoya con el servicio funerario y traslado, sin costo para ellos”, indica.
El funcionario afirma que la atención gubernamental se da tanto a pueblos originarios de Chihuahua como a comunidades indígenas de Oaxaca que se han asentando en esta frontera. “Nosotros no tenemos diferencia. Ese es el mensaje”, dice.
Y agrega que las personas indígenas llegan a integrarse a la sociedad, principalmente la niñez en las escuelas, ya que la educación es el instrumento integrador idóneo para hacerlo, para interactuar con los niños y niñas mestizas, pese a ello reconoce que en es proceso también se pierde la identidad de cada uno de los pueblos.
“Pero los niños identifican lo indígena y por el hecho de que no ser igual que ellos, los empiezan a señalar. Los indígenas abandonan sus costumbres y tradiciones, su vestimenta, actitudes, su lengua, para poderse integrar. Van perdiendo su identidad a través del tiempo”, señala.
Ante ello el funcionario indica que es necesario impulsar mecanismos en los que los pobladores indígenas que se asientan en Juárez se integren de manera eficiente pero sin perder la riqueza cultural que los distingue y sin depender de dádivas.
“Nosotros, si conocemos a una persona que habla tres idiomas, lo consideramos una persona intelectual, eso debemos hacer para que se integren, sin que les anden regalando nada, de manera digna”, afirma.
Mota Allen explica que en la dependencia estatal han trabajado desde el gobierno pasado para integrar a las comunidades indígenas en diferentes espacios que impulsen el comercio de sus mercancías como las Feria del Mole, la Feria del Tamal, de artesanía o en los espacios del parque Central. “Buscamos que la sociedad cambie su percepción de los indígenas y que éstos empiecen o terminen de integrarse”, afirma.
El reto, expone Jesús Vargas Campos, quien además de su trabajo con el pueblo rarámuri fue representante de la Comisión Estatal para los Pueblos Indígenas (COEPI) en el la administración estatal pasada y desde ahí impulsó la organización de 30 comunidades indígenas de 16 pueblos originarios que habitan esta frontera, es que pese a los deseos de integración, la realidad es que los indígenas oaxaqueños que migran se enfrentan a una ciudad que sigue siendo racista en lo profundo.
“La mayoría mantienen sus usos y costumbres, luchan por mantener sus idiomas. Hace pocos años que comenzaron a crear lazos o vínculos entre ellos para poderse defender como poblaciones minoritarias. Dentro de la COEPI se logró un poco, pero falta el fortalecimiento porque en Ciudad Juárez hay mucho racismo”, finaliza.
Bordes Fronterizos: historias de migración indígena





Deja un comentario